El fenómeno de El Niño hizo florecer el desierto de Atacama: transformación histórica (fotos)
Las lluvias extraordinarias asociadas a El Niño hicieron florecer extensas zonas del desierto de Atacama, en el norte de Chile, y transformaron un paisaje de aridez extrema en un manto de flores rosadas, amarillas y blancas. El agua activó semillas y bulbos que permanecían bajo tierra, algunos desde hacía décadas, y dio impulso a una de las floraciones más intensas y extensas desde 1997.
La conexión entre el fenómeno climático y estas imágenes tiene una explicación concreta: El Niño favoreció las precipitaciones que necesitaba la vegetación del desierto para salir de su estado de latencia. Ese aporte excepcional de humedad permitió el crecimiento de más de 200 especies de plantas y convirtió al llamado “desierto florido” en una de las expresiones más llamativas de sus efectos en Chile.
Las proyecciones de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas indican que la activación de la vegetación podría alcanzar aproximadamente 17.667 kilómetros cuadrados, equivalentes al 23% de la Región de Atacama. Se trata de una estimación del área donde puede desarrollarse el fenómeno, cuya intensidad varía según las condiciones de cada sector.
César Pizarro, jefe de la Sección de Conservación de la Biodiversidad de Conaf Atacama, explicó que El Niño favoreció lluvias de magnitud excepcional y que esa humedad permitió activar la vida que permanecía en el suelo. El especialista destacó que el fenómeno climático también puede “activar la vida”, como ocurre esta temporada en el desierto.
El proceso comienza en el océano Pacífico tropical. Durante El Niño, sus aguas superficiales se calientan por encima de lo habitual en las zonas central y oriental. Al mismo tiempo, los cambios en los vientos y en la circulación atmosférica modifican dónde y cuánto llueve, con consecuencias que alcanzan regiones situadas a miles de kilómetros.
En el norte chileno, las precipitaciones de este año aportaron el agua que desencadenó la floración. Su extensión también depende de la humedad que conserva el suelo, las temperaturas y las condiciones de cada sector: la respuesta de la vegetación no es uniforme ni todos los episodios de El Niño producen un espectáculo de la misma magnitud.
Pizarro señaló que en algunas localidades se registraron 160, 180 y hasta 190 milímetros de lluvia, acumulaciones excepcionales para ese ambiente. El ingreso de agua en un suelo adaptado a largos períodos secos puso en marcha el ciclo de crecimiento y reproducción de numerosas plantas.
Jorge Carabantes, responsable del área de espacios protegidos de Conaf en la región, describió esta floración como un acontecimiento extraordinario y poco habitual. Las proyecciones la ubican entre las temporadas más destacadas desde 1997, un año que también estuvo marcado por un intenso episodio de El Niño.
La explicación está en las semillas, los bulbos, los tubérculos y otras estructuras vegetales que permanecen en reposo bajo tierra. Estas reservas permiten que numerosas especies sobrevivan a la falta de agua y retomen su crecimiento cuando el ambiente vuelve a ser favorable.
Con la llegada de la humedad, las plantas pueden brotar, florecer y reproducirse. La formación de nuevas semillas ayuda a sostener el ciclo para futuras temporadas, incluso cuando entre una floración y otra transcurren muchos años.
Pizarro remarcó que este año aparecieron plantas en cerros y cordones montañosos donde no se observaba vegetación de este tipo desde hacía 30 o 40 años. Para el especialista, esos sectores muestran la capacidad de las reservas vegetales del desierto para permanecer latentes durante décadas.
La transformación también moviliza a turistas que recorren grandes distancias para contemplarla. Entre los visitantes está Franco Moya, un chef de 37 años que viajó con su pareja cerca de 1.000 kilómetros desde Santa Cruz, en el valle de Colchagua, para celebrar su cumpleaños. Según relató, lo que más lo sorprendió fue encontrar tantas flores en un lugar de apariencia tan seca.
Las primeras flores comenzaron a observarse durante la segunda quincena de agosto y los campos floridos ganaron extensión en septiembre. Las autoridades turísticas sitúan el período de mayor diversidad y abundancia hacia mediados de octubre, mientras que algunas especies podrían continuar floreciendo hasta la segunda quincena de noviembre.
El fenómeno se proyecta sobre sectores de Chañaral, Caldera, Copiapó, Vallenar, Freirina y Huasco, con posibilidad de alcanzar también áreas de Tierra Amarilla. Entre los lugares destacados para observarlo figuran el Parque Nacional Desierto Florido, el Parque Nacional Llanos de Challe y el borde costero de Freirina.
La transformación de Atacama muestra cómo un cambio en el océano puede modificar profundamente un ecosistema terrestre. En este desierto, extendido entre el Pacífico y la cordillera de los Andes, las lluvias encontraron una reserva de vida capaz de responder rápidamente a condiciones favorables.
El mismo fenómeno que favoreció esta floración puede alterar las lluvias y las temperaturas en otras regiones. Sus consecuencias varían según el lugar y la estación: mientras algunos territorios reciben precipitaciones abundantes, otros pueden enfrentar condiciones más secas.
La Organización Meteorológica Mundial anticipó que el episodio puede alcanzar una intensidad muy fuerte hacia fines de 2026 y consideró cercana al 100% la probabilidad de que persista hasta febrero de 2027. El organismo advirtió sobre cambios importantes en las precipitaciones y las temperaturas, aunque aclaró que los efectos dependen de cada región y de la época del año.
El Niño es la fase cálida del ciclo El Niño-Oscilación del Sur, que también comprende una fase fría —La Niña— y condiciones neutrales. La intensidad del episodio influye en el clima global, pero no determina por sí sola la gravedad de los efectos en cada localidad, donde intervienen otros factores oceánicos y atmosféricos.
Ante la llegada de visitantes, Conaf pidió observar el espectáculo sin intervenir el ecosistema: utilizar caminos y senderos habilitados, evitar pisar las plantas y no extraer flores, semillas ni bulbos. También recomendó no llevar mascotas y retirar todos los residuos.
El cuidado de ese suelo resulta fundamental para que el fenómeno vuelva a repetirse. Las flores que hoy cubren el paisaje forman parte de un ciclo que continúa bajo tierra cuando regresa la sequía, a la espera de otra temporada de lluvias.

