23/05/2024
Espectaculos

Marcelo Tinelli y el debut de Politichef: “Es un humor despejado de cualquier tinte político, no estamos a favor de uno y en contra de otro”

Volvieron a ShowMatch las cámaras ocultas y las notas que remiten al viejo VideoMatch, y el flamante reality de políticos. Pero además, en esta entrevista exclusiva con Teleshow, el conductor hace un balance de los primeros días de La Academia. Y del rol de Guillermina Valdes en el jurado

Verdad de Perogrullo: la televisión es vertiginosa. Todo es inmediatez, vértigo. Y sin embargo Marcelo Tinelli se permite una pausa -breve, casi instantánea- en el estudio de Don Torcuato desde donde se emite ShowMatch para hacer una especie de balance por lo que ya son dos semanas al aire, luego de un regreso que demoró un año y medio. Los nervios, entonces, van quedando atrás. Y el racconto que realiza para Teleshow arranca por una grata sorpresa: el debut de su pareja, Guillermina Valdes, en el jurado de La Academia.

No es porque sea mi mujer, pero es una bomba. Una bomba en todo -dice el conductor, quien sonríe al hablar de ella, aunque esta vez no lo haga solo por razones personales-. Me pareció espectacular la participación de Guille, me encantó ella. Es híper linda, una mujer muy divina en todo, por fuera y por dentro. Me pareció muy desenvuelta, se plantó muy bien y le puso mucha garra a todo lo que hizo, fue muy profesional. Pero además tuvo mucha calidez con los participantes. Cuando tuvo que ser picante, fue picante; cuando se tuvo que meter en una discusión, también se metió en una discusión”.

Anoche, beso mediante en pleno estudio, Valdes le dejó su lugar a Ángel de Brito, como estaba previsto: iba a reemplazarlo solo por un ritmo. Pero, ¿lo suyo concluye aquí? Nada de eso… “Quedó una puertita abierta para que algún día pueda volver -se entusiasma Tinelli-. En algún momento puedo pensar que Guille sea una participante más dentro del jurado porque ha mostrado un talento impresionante, que hasta a mí también me ha sorprendido para bien”.

—De Brito nos contó que ya eliminó a Guillermina del grupo de WhastApp del jurado.

—Ojo, Ángel, que Guille es brava… ¡No sabía eso! No tenía idea de que la había eliminado porque nadie me lo dijo. Guille es de responder: mirá si un día vuelve… ¡la van a tener que reincorporar otra vez! Que se arreglen entre ellos: yo no quiero meterme. Hasta me abrí del chat de los padres del colegio: no soy una persona de grupos, no estoy muy activo en esto de andar todo el tiempo hablando, mandando memes o gifs.

—¿Y la reincorporación de Ángel, cómo la ves?

—Me parece un gran periodista, un numero uno en lo que hace. Y es muy funcional al programa: la tiene muy clara sobre dónde meter el cuchillo, dónde aflojar; sabe movilizar estructuras. Lo admiro mucho profesionalmente.

El primer ritmo llegó a su fin, del mismo modo que lo hizo Cucho, el cantante de Los Auténticos Decadentes, en una decisión que Tinelli no comparte. “Esta primera eliminación me tomó de sorpresa: no pensé que iba a venir por ese lado… Yo le hubiera dado una oportunidad más a Cucho. Pero está bien, fue así. Lo entiendo perfectamente”.

—Aunque es muy temprano, ¿vislumbrás alguna revelación en La Academia?

—Todavía son muchos participantes, pero hay algunos que a mí me gustan mucho. A Cachete Sierra ya lo había visto en el Cantando del año pasado y me parece que es un pibe que labura muy bien. Todo lo que hace Charlotte (Caniggia) me parece muy entretenido: me divierto mucho en el piso con ella. Lo del Chato (Prada) me parece increíble: que se haya animado a hacerlo… Pero finalmente, es raro quién puede llegar o qué es lo que puede valorar el jurado.

Después de siete emisiones a puro La Academia, este viernes el programa vuelve a ser “el ShowMatch tradicional”, según avisa Tinelli: llegó el esperado turno del humor, con cámaras sorpresas, sketches y especiales (por caso, se lo verá a Jorge Lanata leyendo un poema desopilante). También habrá notas que eran furor en los 90, realizadas en la calle. “Nos costó mucho hacerlas porque la gente reacciona muy diferente a cómo lo hacía años atrás”, describe, quien para estar bien a tono con el viejo ciclo, dejará de conducir parado para estar detrás de un escritorio. “Vamos a ir viendo cómo se va dando el programa. Tendrá un tono más relajado, más de comedor diario”, sugiere.

Pero además, esta noche se estrena la gran apuesta: el reality Politichef, con Alberto, Cristina, Axel, Horacio, Máximo y Diego, entre otros, imitados por Fredy Villareal, Fátima Florez, José María Listorti, Pedro Alfonso y todo un equipo de brillantes humoristas. “Espero que tenga el éxito que tuvo Gran Cuñado hace muchos años -se ilusiona Marcelo-. Está bueno volver a mostrar a los políticos, esta vez en una faceta divertida y que se ve mucho hoy en la televisión, que son los programas de cocina”.

—¿Qué reacción esperás de los políticos ante su caracterización?

—Nosotros siempre hemos tenido reacciones diversas. Pero reacciones, hubo… Sé que a uno no le gusta amucho ser imitado, más cuando cumple una función en la política, donde siempre es todo serio. También se hacen un montón de interpretaciones, que nosotros no las hacemos desde el lugar que hacemos humor. Al hacer humor, uno trata de sacar algo que por ahí al otro no le gusta tanto, la parte un poco más negativa, te diría. Me acuerdo cuando mí me imitaba Jorge Guinzburg hace muchos años con los bloopers, que los mostraba un poco más sangrientos: le cortaban un dedo a la gente. Y a mí eso me recontra calentaba. También me hacía muy gritón, y yo soy gritón (sonríe). Me hubiera gustado que me hubieran puesto leyendo un libro de Saramago, pero estaba bueno lo que hacía en ese momento. Ahora, nosotros vamos a mostrar características que no sé si gustan mucho: no sé si a (Mauricio) Macri le gusta que hable así, medio como con un papa: “No sé que pasó… (lo imita). ¿En qué se transformó? Le dejé Suecia”. O se le gustará a Alberto (Fernández) el tema de las filminas, o a Patricia Bullrich decir cosas muy fuertes, o mostrar que (Sergio) Berni cocina con una pistola. Pero nosotros intentamos hacer un programa de humor despejado de cualquier tinte político: no estamos a favor de uno y en contra de otro.

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